Destino
“Eres la mejor persona que he conocido en mi vida, no tengo palabras para describirte, quedé impresionado, estoy muy contento de haberte conocido y de tener un amor como el tuyo.”
¿Recuerdas esas palabras que enuncié luego de nuestro primer viaje? “Fue el destino”, me contestabas. Yo inquirí: ¿destino? “Pura coincidencia, mi amor, nada que ver” me responderías y darías paso a un cambio de conversación como si la duda de esa definición sobre nuestro encuentro te hiciese incómoda.
Destino tiene muchas y variadas definiciones, entre ellas el de una supuesta fuerza desconocida que obra sobre los sucesos de algo o alguien. Encadenamiento de sucesos considerado como necesario y fatal. Meta, punto de llegada.
Para mí el destino, particularmente entre dos personas, depende, en todo caso, de los dos: acción y reacción. No es al azar. Trazamos nuestros destinos constantemente en virtud de nuestros deseos y sentimientos, y no con fuerzas incontrolables y desconocidas como la definición pretende hacernos pensar.
Aquel encuentro lo forjamos por deseo mutuo. Tal como el que actualmente vivimos por vía de la interred, somos ambos responsables. Nada me causa más placer que haya sucedido y el recordarte a diario.
Al Amplus Cabernet Sauvingnon 2005 lo he buscado tanto como él a mí. Y fue, el encontrarnos, nuestro destino. Amplus es latín para amplio, noble, honorable. Este vino, de la casa Viña Santa Ema, es 100% cabernet sauvignon y proviene de vides de rendimiento naturalmente bajo localizadas en el Valle de Cachapoal, Estado de Rosario, Chile.
Este vino ha de permanecer 12 meses en barricas de roble francés antes de su embotellamiento. De color rojo intenso, de aroma complejo, de paladar frutoso balanceado con taninas maduras, este vino acompaña carnes de res y cordero al mismo tiempo que quesos maduros y fuertes.
Mi Chichí, el destino para nosotros nunca ha de ser excusa y azar.
Es, y siempre será, reto y acción.
Un beso a tí también.
Sergio
Lola Rodríguez de Tió
“Cuba y Puerto Rico son
De un pájaro las dos alas,
Reciben flores y balas
Sobre el mismo corazón…
¡Qué mucho si en la ilusión
Qué mil tintes arrebola,
Sueña la musa de Lola
Con ferviente fantasía,
¡De esta tierra y la mía,
Hacer una patria sola!”
Dolores Rodríguez de Astudillo y Ponce de León, mejor conocida por Lola Rodríguez de Tió, nace en San Germán de Puerto Rico el 14 de septiembre de 1843. Su padre, Sebastían Rodríguez de Astudillo, fue el fundador del Colegio de Abogados de Puerto Rico y su madre, Carmen Ponce de León, era descendiente directa de Juan Ponce de León.
Gran defensora de los derechos de la mujer y la abolición de la esclavitud, es desterrada junto con su esposo Bonicio Tió y Segarra primero a Venezuela, luego a Cuba y Nueva York, y finalmente el regreso a Cuba. Es allí donde la poetisa escribe la versión revolucionaria de La Borinqueña y su famoso Mi Libro de Cuba.
“De la flor que se muere
brota semilla
que de la muerte siempre surge la vida.
Por eso dicen:
Cuando los cuerpos mueren
las almas viven.”
Cinco años antes de su muerte, Lola regresa a su Puerto Rico querido y es honrada con un banquete en el Ateneo Puertorriqueño. Lola, nuestra poetisa nacional, muere en La Habana el 10 de noviembre de 1924. He estado recientemente en su tumba en la Necrópolis Colón en Ciudad Habana y la foto que acompaña este escrito rinde homenaje a su vida.
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